cosas que pasan en noche vieja

Treinta y uno de Diciembre, termina el año, el año que hace cinco, y también tres, aunque también hubiera podido ser ayer, cuando te conocí, atropellaste mi vida y casi al mismo tiempo te marchabas. ¿Pero qué son dos años quedado aun media vida por vivir? Nada, sino fuera porqué te pegaste en mi igual que lo hacía el pegamento Imedio en la yema de los dedos, y ahora que echamos la vista atrás para ver qué ha sido de nuestro año de celebraciones, me doy cuenta que el pegamento aun sigue aquí, y me recuerda cuanto rato pasaba sacándome esa segunda piel que se había formado.

Treinta y uno de Diciembre, son casi las doce, sentada en el sofá, con las uvas y la puerta del sol ante mi mirada, me preguntó a qué sabrá el pegamento, si mirarás a tu mujer y estarás pensando en mi, si te escaparás al baño a escribir a un número que no existe, si luego harás el amor, dormirás y volverás a despertar en esta vida que nos aburre.

Treinta y uno de Diciembre, baja el carrillón, llegan los cuartos, la primera uva con sabor a pegamento, mientras pienso que nada nos debería obligar a comer las uvas en treinta y seis segundos, porqué la primera desearía pasar más tiempo a solas con la segunda, antes que la tercera reclamara su lugar en esta historia.

{tema de diciembre en el club de escritura: en el mes de diciembre}

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